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| Verena Guther |
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TextosSintaxis Urbana Verena Guther trae nuestra atención a tales preguntas con una perspicacia clara y sensible para los detalles. En sus trabajos, los aspectos independientes de una metrópolis moderna son puestos de manifiesto. El material fotográfico y cinematográfico junto con los recuerdos de su estancia en las ciudades son integrados en composiciones que tienen un caracter pictórico. Empecemos con los rascacielos de Nueva York. En estos trabajos, la relación entre la arquitectura y el espacio urbano está bien equilibrada. No es extraño que el riguroso formato vertical sea el principio rector de la serie de Nueva York. La artista compone las fotografías individualmente, revelando las casa que el ojo puede ver, una debajo de la otra. Reconocemos el edificio Chrysler. Nos aproximamos a través de una serie de secciones fotográficas que nos permiten observar estrechamente las características sobresalientes de su construcción, su abanico radiante y la brillante superficie metálica del pináculo. Para completar la composición, la artista ha introducio secciones pintada, luego tratadas digitalmente. Las bandas de color intenso interrumpen la ilusión inherente al espacio de la fotografía. Por otra parte, las alianzas entre la fotografía y la pintura son bien indicadas. Por ejemplo, una antena de un rascacielos continúa en la banda pintada o uno descubre, que el horizonte ampliado del distrito financiero es en realidad una textura pintada. En la serie parisina las verticales son una minoría y la arquitectura se convierte en un fondo para la vida de la calle. La moda y el estilo de vida son aquí el objeto de interés y desde luego París es la ciudad que emite los impulsos más fuertes cuando se trata de alta costura, el perfume y la joyería. La carteleras publicitarias enormes y tentadoras, imponen de manera poderosa su sello en la imagen de las calles de París. En Río y sobre todo en Brasilia, el centro focal lo ocupa de nuevo la forma arquitectónica. Brasilia es una ciudad diseñada sobre la mesa de dibujo. Su superestructura está compuesta por arterias de tráfico generosas y una partición clara de las zonas según su función. Uno reconoce enseguida los edificios del Congreso diseñados por Oscar Niemeyer con sus dos enormes cúpulas hemiesféricas y las dos torres gemelas del poder ejecutivo. Lo que sigue son detalles de edificios y su relación a la gente. La gente aparece pequeña y de importancia secundaria al lado de la superficie lisa e inmaculada de la arquitectura. Más lejos, como queriendo dar algo de calor y emoción a la racionalidad de las estructuras, encontramos texturas pintadas con una cualidad térrea que se integran con la imagen de una muchedumbre que mira a los actores callejeros ejecutar su baile acrobático. Ya se trate de París, Nueva York, Brasilia o Río, Guther nunca está interesada en aislar la singularidad del lugar de su entorno y verlo en un contexto teatral como es el caso del ojo del turista. Es más bien el carácter distintivo y el espíritu de una metrópolis lo que uno puede sentir a través de su sistema de signos y de las cualidades estructurales que ella genera en su modo de usar el medio fotográfico. En la antigüedad, structura significó el encaje de las piezas de cantería. Por lo tanto se trataba más de la física del edificio. En el siglo XIX, el término fue aplicado en otros dominios, y después de esto, ha venido a significar la disposición interna de un sistema. Esto significó que podría ser aplicado a un marco matemático, físico o social. Para el entorno filosófico Wilhelm Dithey aplicó el término a la psicología y lo entendió en este nuevo marco como una condición de conocimiento, por la cual una persona puede comprender la calidad singular de su vida sin necesidad de apelar a la esfera metafísica del absoluto. El siguiente paso de este desarrollo traería las tipologías históricas que podrían ser observadas, descritas y comparadas. Relacionando lo anterior con los trabajos fotográficos de Verena Guther, se podría decir que se está llevando a cabo un análisis estructural de los tipos urbanos. Y de hecho, aunque el paisaje de los tejados de París, con sus claraboyas y chimeneas de piedra recuerden a un jardín de mercado, los depósitos de agua pertenecen a los tejados de Chelsea y uno los asocia con zonas industriales y fábricas. Se sobreentiende que las superficies raspadas y las capas de color que se desconchan pertenecen a este ambiente degradado. Ella ha encontrado estas calidades en sus pinturas, en sus colores y estructuras. Ensambla piezas seleccionadas a sus trabajos fotográficos, porque humanizan el sistema racional urbano, atando de este modo una huella microscópia de vida, a la naturaleza técnica de la arquitectura. Guther, que estudió artes gráficas experimentales con Helmut Lortz en Berlín, pudo experimentar como los aconteciomientos históricos han cavado profundas cicatrices en el tejido urbano. Con la caída del Muro algunas cicatrices se han curado y han desaparecido, pero han reaparecido en otro lugar. Nueva York se parece a Berlín, con el Ground Cero como el ejemplo más conocido. Pero también Chelsea se transforma de un lugar industrial a un barrrio del sector de servicios de la ciudad, donde los restaurantes, galerías y lofts definen su aspecto. Guther traza todo esto y hace un informe sobre ello en sus assemblages fotográficos. Todo su montaje analítico y técnicamente objetivo se centra en la cámara, aunque, como un signo de su expresión deliberadamente subjetiva ella use un gesto manuscrito en sus pinturas. Las secciones pintadas muestran colores fuertes; amarillo radiante, y bermellón para Nueva York, azul para París y Brasilia. La paleta de colores brillantes vigoriza los colores más serenos de las fotografías digitalmente corregidas. Una mirada más cercana también revela que las texturas de las superficies pintadas son añadidos que hacen un seguimiento lógico de las fotos. Nueva York – en general, vistas desde arriba y vistas frontales que muestran las calles con coches e innumerables taxis amarillos. Continuando con el ritmo marcado por las pinceladas de color naranja y rojo de los coches en cola, Guther conecta ambas perspectivas a través de una tela pintada. Una serie de fotos muestra el Ground Cero, el lugar donde se levantabam las Torres Gemelas hasta 2001. Guther refrena cualquier patetismo emocional, representando el lugar como una cicatriz entre edificios, donde en medio de enormes montones de la arena, los trabajadores de la construcción pavimentan el sendero a las profundidades. El andamio y las grúas también aparecen en otras obras que aluden a la naturaleza permanente del cambio y la transformación. El carácter momentáneamente percibido sin embargo no necesariamente disfruta de una validez universal. Cada nueva era trae al primer plano nuevos puntos de percepción, haciendo las cosas dependientes. Las ciudades son retratadas por Guther como estructuras flexibles, no uniformes, más bien entidades heterogéneas en movimiento, que tienen que ser ajustadas a nuevas condiciones. El espacio físico de las calles, casas, extensiones y anexos es sólo relativamente estable. Aunque más estable que las muchedumbres que vemos pasar de vez en cuando en estos trabajos, estos espacios no son de duración indefinida. La obra de Verena Guther, con su ojo analítico, sus pinturas fuertes y sensibles y la mezcla sutil de ambas, es una interpretación, que nos ayuda a visualizar las texturas y las estructuras de sistemas individuales urbanos. Su interés se centra en el entendimiento visual del entorno vital que se refleja en la estructura urbana creada por el hombre. Grit Weber 2005 |
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